Los cambios tecnológicos se están dando con tal rapidez que es difícil seguirles el ritmo, y muchos de ellos están alterando nuestras vidas de forma permanente y sin que nos demos cuenta. Así mismo, la velocidad del progreso tecnológico está afectando los mercados, transformando a la fuerza empresarial y laboral vertiginosamente.

Un buen ejemplo es Uber, el cual vino a acabar por completo con las prácticas monopolísticas de las empresas de taxis alrededor del mundo, sin poseer un solo taxi. ¿Cómo fue eso posible? La aplicación ofrece a sus usuarios un servicio que presta un tercero, en este caso los conductores, y los conecta directamente mediante la geolocalización. En otras palabras, la «App» lleva la oferta a dónde se encuentra la demanda. El usuario del servicio puede saber de antemano quien será su chofer y, después del viaje, podrá evaluar el servicio recibido. De la misma forma, el usuario recibe una calificación por parte del conductor al finalizar el trayecto (Recordemos que no todos somos precisamente encantadores.)

Ahora pensemos en las empresas de taxis. Para la mayoría de ellas es casi imposible prestar un servicio con las características de Uber. Los mismos taxistas crearon monopolios que hacen muy difícil satisfacer la demanda dónde esta está latente. Y no hablemos del servicio que prestan en algunos países de Centroamérica, dónde es realmente nefasto. Hasta hace muy poco tiempo, los taxistas no tenían competencia y, por ende, no tenían necesidad de innovar su servicio. Lo más penoso es que con la entrada de Uber, han preferido salir en protestas a las calles, en lugar de buscar como renovarse. Por ejemplo, en un artículo que fue publicado recientemente en la Revista Estrategia & Negocios, el cual evalúa los primeros seis meses de operaciones de Uber en Guatemala, se desmitifica el hecho de que ese servicio vino a dejar sin trabajo a los taxistas. Por el contrario, el 61.4% de los usuarios manejan sus propios vehículos cuando no utilizan Uber. Esto se traduce en que dichos usuarios —de no contar con la app- seguirían utilizando sus propios vehículos. De allí que Uber no le quitó el trabajo a nadie, más bien, vino a generar nuevos puestos de trabajo.

Sin lugar a dudas, los taxistas se sienten ultrajados por la forma en que la tecnología vino a romper su monopolio de una forma tan inesperada. Y siendo honestos, ninguno de nosotros lo vio venir. Ellos tenían sus cabildeos políticos para no permitir que llegara la competencia directa en servicios de taxi, y aquel que entrara debía regirse por sus reglas. Jamás imaginaron que una aplicación móvil sería quien acabara con su monopolio. Y lo mismo está sucediendo con muchos aspectos ordinarios de nuestras vidas que ni siquiera podemos prever, sino hasta que estos cambios ya se han vuelto permanentes.

Hablemos del acceso a Internet en América Latina, el cual es aún muy limitado. Sin embargo, eso no ha impedido que, en países como Panamá, el 69% de las personas tenga acceso a redes sociales. Es increíble, pero muchas de esas personas no cuentan tan siquiera con servicios básicos, pero si con sus respectivas cuentas en Facebook y WhatsApp, las cuales acceden gracias a sus dispositivos móviles. El iPhone está cumpliendo apenas 10 años, y es casi seguro que los ingenieros que estuvieron a cargo de desarrollarlo no hubiesen podido predecir el impacto que este tendría y la forma en que vendría a cambiar el mundo para siempre.

Pero esto no termina con el iPhone. Algunos creen que en diez años ya no habrá teléfonos inteligentes, sino será algo completamente diferente. Y volvamos por un momento a Uber, pues con la llegada de los autos que se manejan solos, habrá un cambio aún más poderoso, cuyas consecuencias muchos pueden especular, pero ninguno puede prever con certeza. Lo mismo sucede en el campo de la biología molecular y el impacto que esta tendrá en medicina y en la longevidad de los seres humanos. Igual es el caso de la robótica y sus implicaciones, o bien los viajes tripulados a Marte y el establecimiento de colonias humanas en ese y otros planetas, que personas tan distintas como Stephen Hawking y Elon Musk concuerdan en que serán la esperanza de supervivencia para la raza humana.

No tenemos certeza de cómo estos cambios afectarán los mercados laborales y nuestras vidas, pero como dijo Heráclito de Éfeso, «Todo cambia, nada permanece».

Inspirado y adaptado por este texto de Barry Ritholtz.  ¡No olvide suscribirse a nuestro blog!